Cuentos para pensar

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Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Mar 06, 2012 10:47 am

AMOR CIEGO

Una pareja de jóvenes estaban muy enamorados y se iban a casar. Unos meses antes de la boda, la novia tuvo un accidente y quedó con el rostro totalmente desfigurado...

“No puedo casarme contigo”, le comunicó en una carta a su novio, “quedé marcada y muy fea para siempre, búscate a otra joven hermosa como tú te mereces, yo no soy digna de ti”

A los pocos días la muchacha recibió esta respuesta de su novio: “El verdadero indigno soy yo, tengo que comunicarte que he enfermado de la vista y el médico me dijo que voy a quedar ciego... Si aún así estás dispuesta a aceptarme, yo sigo deseando casarme contigo”

Y se casaron, y cuando lo hicieron, el novio estaba ya totalmente ciego. Vivieron 20 años de amor, felicidad y comprensión, ella fue su lazarillo, se convirtió en sus ojos, en su luz, el amor los fue guiando por ese túnel de tinieblas.

Un día ella enfermó gravemente y cuando agonizaba, se lamentaba por dejarlo solo entre esas tinieblas. El día que ella murió, él abrió sus ojos ante el desconcierto de todos.,“no estaba ciego” - dijo- “fingí serlo para que mi mujer no se afligiera al pensar que la veía con el rostro desfigurado, ahora mi amor descansa en ella”

El verdadero amor ve más allá de la belleza física, porque el verdadero amor, va con el corazón. Vivimos en un mundo de apariencias, donde se califica a las personas según su aspecto físico, pero el verdadero amor embellece más que el más caro tratamiento de belleza, la belleza se acaba, pero el amor verdadero vive para siempre.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Mar 06, 2012 10:51 am

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.

- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda

Autor: Jorge Bucay

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Mar 06, 2012 10:55 am

MAESTRA, ¿ QUÉ ES EL AMOR?

Uno de los niños de una clase de educación infantil preguntó:
- Maestra… ¿qué es el amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento. Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
- Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.

El primer alumno respondió:
- Yo traje esta flor… ¿no es bonita?

A continuación, otro alumno dijo:
- Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido… ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.

Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban. Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.
La maestra se dirigió a ella:
- Muy bien, ¿y tú?, ¿no has encontrado nada que puedas amar?

La criatura, tímidamente, respondió :
- Lo siento, seño. Vi la flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo. Vi también mariposas suaves, llenas de color, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero…, al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí…
Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñaros lo que he traído?

La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al amor lo llevamos en el corazón.
El amor es algo que se siente.
Hay que tener sensibilidad para vivirlo
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Mar 06, 2012 11:00 am

UN CUENTO DE PAULO COELHO

Un Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales( a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días – Respondió el guardián
- ¿ Cómo se llama este lugar tan bonito?.
- Esto es el cielo.
- Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
- Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles..
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
- Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo
- Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar. Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
- Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.
- A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
- CIELO.
- ¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
- Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡ Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante
- De ninguna manera! – increpó el hombre
- En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Mar 07, 2012 6:25 am

EL AMOR Y LA LOCURA

Cuando El ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:

-"Vamos a jugar al escondite".

LA INTRIGA levanta la ceja intrigada y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse pregunta:

- ¿Las escondidas? ¿Y cómo es eso?

- Es un juego, explica LA LOCURA, consiste en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, al primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

EL ENTUSIASMO bailo secundado por LA EUFORIA, LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a LA APATÍA, a la que nunca le interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse.

¿Para que?, si al final siempre la hallaban, y LA SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDÍA prefirió no arriesgarse...

- Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA.

La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino, LA FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto.

LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos; que si un lago cristalino?

Ideal para LA BELLEZA; que si la rendija de un árbol? perfecto para LA TIMIDEZ; que si el vuelo de la mariposa?
Lo mejor para LA VOLUPTUOSIDAD; que si una ráfaga de viento? magnifico para LA LIBERTAD.

Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.

EL EGOÍSMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero solo para él.

LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira en realidad se escondió detrás del arco iris) y LA PASIÓN y EL DESEO en el centro de los volcanes.

EL OLVIDO... se me olvido donde se escondió...pero eso no es lo importante.

Cuando LA LOCURA contaba 999.999

EL AMOR aun no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que diviso un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

- "Un millón" - contó LA LOCURA y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue LA PEREZA, solo a tres pasos de una piedra.

Después se escucho LA FE discutiendo con Dios en el cielo sobre Teología, y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a LA ENVIDIA y, claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.

EL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo. El solito salió disparado de su escondite... que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a LA BELLEZA, y con LA DUDA resulto mas fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aun de que lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arcoiris... (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO... que ya se le había olvidado que estaba jugando a los escondidos, pero solo EL AMOR no aparecía por ningún sitio.

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres...

LA LOCURA busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencido divisó un rosal y las rosas...
Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos AL AMOR;

LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a los escondidos en la tierra:

¡¡¡ EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA !!!

Autor: Mario Benedetti
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Mar 07, 2012 6:27 am


Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Marisa en un restaurante a tomar un café. Deprimido descargó en ella sus angustias ... todo parecía estar mal en su vida.

Marisa introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 100 euros y le dijo: -"Alfredo, quieres este billete?"

Alfredo, un poco confundido al principio, le dijo: -"Claro Marisa ... son 100 euros, ¿quién no los querría?"

Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bollo.

Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvió a preguntarle: -"¿Y ahora igual lo quieres?"

-"Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 euros, claro que los tomaré si me lo entregas."

Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con su pie, levantándolo luego sucio y marcado. -"¿Lo sigues queriendo?"

-"Mira Marisa, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 100 euros y mientras no lo rompas conserva su valor..."

-"Entonces Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido ... lo que debes preguntarte es CUÁNTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado".

Alfredo se quedó mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

Marisa puso el arrugado billete encima de la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

-"Toma, guárdalo recuerda esto cuando te sientas mal ... Pero me debes un billete nuevo de 100 euros para poder usar con el próximo amigo que lo necesite!"

Le dio un beso en la mejilla a Alfredo -quien aún no había pronunciado palabra- y levantándose de su silla se alejó rumbo a la puerta.

Alfredo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y dotado de una renovada energía llamó al mesero para pagar la cuenta.


Autor: Marcelo Perazolo
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Mar 07, 2012 6:28 am

EL PORTERO DEL PROSTIBULO

No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque sus padres había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.

Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....

Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni escribir.

¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...

Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar.

Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte.

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a sí casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada.

Tenía que comprar una caja de herramientas completa.

Para eso usaría una parte del dinero recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.

¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.

Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como

me quedé sin empleo...

Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.

Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.

Hagamos un trato - dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...

Aceptó. Volvió a montar su mula.

Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

Sí...

Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.

El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.

Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.

Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos.....

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.

Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectoescritura, las artes y loas oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.

El honor sería para mí - dijo el hombre -. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!.

Autor: Jorge Bucay
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Mar 07, 2012 6:29 am

LA LISTA DE LA MAESTRA

Cierto día una maestra pidió a sus alumnos que pusieran los nombres de sus compañeros de clase en una hoja de papel, dejando un espacio entre nombres. Después les pidió que pensaran en la cosa más linda que pudieran decir de cada uno de sus compañeros y que lo escribieran debajo de su nombre.

Tomó el resto del período de la clase la tarea encomendada para poder terminar lo pedido. A medida que los alumnos dejaban el aula, entregaban a la maestra la hoja de papel.

Durante el fin de semana la maestra escribió el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ella todas las cosas lindas que cada uno de sus compañeros había escrito acerca de él.

El lunes ella entregó a cada alumno su lista. Casi inmediatamente toda la clase estaba sonriendo. "¿Es verdad?”, escuchó a alguien diciendo casi como en un susurro. "Yo nunca supe que podía significar algo para alguien”. "Yo no sabía que mis compañeros me querían tanto”, eran los comentarios.

Nadie volvió a mencionar aquellos papeles en clase. La maestra nunca supo si ellos comentaron su contenido con alguno de sus compañeros o con sus padres, pero eso no era lo importante. El ejercicio había cumplido su propósito. Los alumnos estaban felices consigo mismos y con sus compañeros.

Aquel grupo de alumnos siguió adelante y progresó. Varios años más tarde uno de los estudiantes fue muerto en Vietnam y la maestra asistió a su funeral. Ella nunca antes había visto a un soldado en su ataúd militar. Él se veía tan hermoso y tan maduro. La iglesia estaba llena con sus amigos. Uno a uno de aquellos que tanto lo apreciaban caminaron silenciosamente para darle una última mirada. La maestra fue la última en acercarse al ataúd. Mientras estaba allí, uno de los soldados que actuaba como guardia de honor se acercó a ella y le preguntó: "¿Era usted la profesora de matemáticas de Marcos?” Ella balbuceó: "Sí”. Entonces él dijo: "Marcos hablaba mucho acerca de usted”.

Después del funeral la mayoría de lo ex compañeros de Marcos fueron juntos a una merienda. Allí estaban también los padres de Marcos, obviamente deseando hablar con su profesora. "Queríamos mostrarle algo”, dijo el padre, sacando del bolsillo una billetera. "Lo encontraron en la ropa de Marcos cuando fue muerto. Pensamos que tal vez usted lo reconocería”, dijo.

Abriendo la billetera, sacó cuidadosamente dos pedazos de papel gastados que él había arreglado con cinta y que se veía que había sido abierto y cerrado muchas veces. La maestra se dio cuenta aún sin mirar mucho que era la hoja en la que ella había registrado todas las cosas lindas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él.

"Gracias por haber hecho lo que hizo” dijo la madre de Marcos. "Como usted ve Marcos lo guardaba como un tesoro”.

Todos los ex compañeros de Marcos comenzaron a juntarse alrededor. Carlos sonrió y dijo tímidamente: "Yo todavía tengo mi lista. La tengo en el cajón de encima, de un armario que tengo en mi escritorio”. La esposa de Felipe dijo: "Felipe me pidió que pusiera el suyo en el álbum de casamiento”. "Yo tengo el mío también”, dijo Marilyn. "Está en mi diario”. Entonces Victoria, otra de sus compañeras, metió la mano en su cartera, sacó una billetera y mostró al grupo su gastada y arrugada lista. "Yo la llevo conmigo todo el tiempo” y sin siquiera pestañar dijo: "Yo creo que todos hemos conservado nuestras listas.

Fue entonces cuando la maestra se sentó y lloró. Lloró por Marcos y por todos sus compañeros que no lo volverían a ver.

Anónimo


Última edición por Paula el Mar Jun 11, 2013 3:31 am, editado 1 vez
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Mar 07, 2012 6:30 am


Sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda, su gorra marrón ya gastada, su bigote blanco y sus arrugadas manos sosteniendo un bastón viejo de madera, cuyo mango estaba envuelto con un trapo blanco lleno de las marcas propias del uso de años; sus pantalones, que arremangados dejaban libres sus pantorrillas, una camisa blanca con flecos del tiempo, mal abotonada, y un chaleco de lana, tejido seguramente a mano; miraba la nada, desde la precisa y envidiable perspectiva que da la experiencia.

El viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto, que me fue muy difícil acercarme, preguntarle , o siquiera consolarlo. Por enfrente de su casa pasé mirándolo y al cambiar su mirada fijándola en mí, le sonreí y lo saludé con un gesto, aunque no crucé la calle; es que no me animé, pues no lo conocía y si bien entendí, que en la mirada de aquella lágrima demostraba una gran necesidad, seguí mi camino, sin lograr convencerme que hacía lo correcto.

En mi camino guardé esa imagen fundida en mis recuerdos; su mirada que encontró la mía en el infinito de la nada, ese lugar donde no se encuentran más que decepciones, ya que inmediata e imperdonablemente le había negado aquellas imperiosas respuestas.

Traté de olvidarme. Caminé rápido, como escapándome. Compré un libro y al llegar a casa comencé a leerlo, esperando que el tiempo borrara esa presencia... "Los viejos no lloran así por nada", me dije.

Esa noche me costó dormir, pues la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana del día siguiente volvería a la casa, y conversaría con él, tal como entendí me lo había pedido; y luego de vencer mi pena, logré dormirme. Muy temprano desperté aquel día y como si fuera hoy, recuerdo, preparé un termo con café, compré panecillos y muy deprisa fui a la casa, convencido que tendríamos mucho para conversar.

Golpeé la puerta, y una voz muy rasposa me indicaba que en segundos sería atendido. Luego de abrir, con el necesario esfuerzo para que las rechinantes bisagras cedieran. Salió otro hombre.

- ¿Qué desea?- Preguntó, mirándome con un gesto adusto.

- Busco al anciano que vive en esta casa.- Contesté.

- Mi padre murió ayer por la tarde- Dijo entre lágrimas.

- ¡Murió!- Dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.

- ¿Usted quien es?- Volvió a preguntar.

- En realidad nadie- Contesté y agregué- Ayer pasé por la puerta de su casa y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle qué le sucedía, pero hoy volví para hablar con él, aunque veo que es tarde.

- Usted es la persona de quien hablaba en su diario.- dijo.

Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole me explicara.

- Por favor, pase- Me dijo aún sin contestarme.

Luego de servir un poco de café, me llevó hasta donde estaba su diario, y leyó algo de la última hoja:

- "Hoy me regalaron una sonrisa plena, y un saludo amable... hoy es un día bello".

Tuve que sentarme, fue difícil de digerir aquello. Me dolió el alma de sólo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle.

Me levanté lentamente y al mirar al hombre. Le dije:

- Si yo hubiera cruzado de verdad y hubiera conversado unos instantes con su padre...

Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo:

- Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:42 am

EL CÍRCULO DEL NOVENTA Y NUEVE

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día, el rey lo mandó a llamar.
—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?
— ¿Qué secreto, Majestad?
— ¿Cuál es el secreto de tu alegría?
— No hay ningún secreto, Alteza.
— No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
— No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
— ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
— Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
— Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
— Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
— Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
— ¿Por qué él es feliz?
— Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
— ¿Fuera del círculo?
— Así es.
— ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
— No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
— A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
— Así es.
— Y él no está.
— Así es.
— ¿Y cómo salió?
— ¡Nunca entró!
¿Qué círculo es ese?
—El círculo del 99.
— Verdaderamente, no te entiendo nada.
— La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
— ¿Cómo?
— Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
— Eso, obliguémoslo a entrar.
— No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
—Entonces habrá que engañarlo.
— No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
— ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
— Sí, se dará cuenta.
— Entonces no entrará.
— No lo podrá evitar.
— ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
— Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
— Sí.
— Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
— ¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?
— Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
—Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
ESTE TESORO ES TUYO. ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO Y NO CUENTES A NADIE CÓMO LO ENCONTRASTE.
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa.
Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas:
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: 9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
— Me robaron –gritó— me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—. Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender... Vender... Vender... Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99... ...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.
— ¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.
— Nada me pasa, nada me pasa.
— Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
— Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Autor: Jorge Bucay


Última edición por Paula el Mar Jun 11, 2013 3:34 am, editado 1 vez
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:44 am

PARABOLA DEL MATRIMONIO

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos - empezó el joven.

- Y nos vamos a casar - dijo ella.

- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

- Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

- Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.

- No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.

- Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? La joven asintió en silencio.

- Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.

- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

- No - dijo el viejo-.

- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-.

- No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

Este es el conjuro...

-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.

(Vieja leyenda sioux)
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:45 am

EL SOL Y LA LUNA

Cuando el Sol y la Luna se encontraron, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí, comenzaron a vivir una gran amor.
Sucede que el mundo aún no existía y el día que Dios decidió crearlo, le dio un toque final...el brillo.
Quedó decidido también que el Sol iluminaría de día y la Luna de noche, siendo así estarían obligados a vivir separados.
Les invadió una gran tristeza cuando se dieron cuenta que jamás se encontrarían...

La Luna se sintió que cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose solitaria.
El sol a su vez, había ganado un título de nobleza:"ASTRO REY", pero tampoco lo hizo feliz.
Dios viendo ésto, los llamó y les explicó:- No deben estar tristes, ambos ahora poseen brillo propio. Tú Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encontrarás a los enamorados y serás protagonista de hermosas poesías. En cuanto a tí, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la Tierra durante el día, proporcionarás calor al ser humano, y tu simple presencia, hará felices a las personas.

La Luna, se entristeció mucho, más con su terrible destino y lloró amargamante y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejarse abatir más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarla a aceptar lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande, que resolvió hacer un pedido especial a Dios:- Ayuda a la Luna por favor, es frágil, no soportará la soledad.
Y Dios en su inmensa bondad creó, entonces, las estrellas para hacer compañía a la Luna.

La Luna siempre que está muy triste, recurre a las estrellas, que hacen mucho para consolarla, pero... casi nunca lo consiguen.
Hoy, ambos viven así, separados.

El Sol, finge ser feliz...la Luna no consigue disimular su tristeza.
El sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de la añoranza.
Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser Luna LLena, pero cuando es infeliz, es Menguante, entonces no es posible apreciar su brillo, porque es mujer, y una mujer tiene fases.

Luna y Sol, siguen su destino; él, solitario pero fuerte, ella acompañada de estrellas, pero débil.
Los hombres intentan constantemente conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos, han llegado hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la Tierra.

Sucede que Dios decidió que nungún amor en este mundo, fuese del todo imposible, ni siquiera el del Sol y la Luna. Fue entonces que creó "el eclipse".
Hoy, Sol y Luna viven esperando ese momento, esos instantes que les fueron cencedidos y que tanto cuesta que suceda.

Cuando mires hacia el cielo, a partir de ahora y veas que el Sol cubre a la Luna, es que se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de "eclipse".
El brillo de su éxtasis es tan grande, que se aconseja no mirar al cielo en ese momento. Tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.

Tú ya sabías que en la Tierra existían el Sol y la Luna...también que existe el eclipse...pero ésta es la parte de la historia que tú no conocÍas, no?
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:46 am

LAS MONEDAS

Había una vez en las afueras de un pequeño pueblo, dos casas vecinas. En una, vivía un afortunado y acaudalado agricultor. Estaba rodeado de sirvientes y tenía acceso a todo lo que pudiera ocurrírsele. En la otra, una casucha humilde, vivía un viejito de hábitos muy austeros, que usaba gran parte de su tiempo en trabajar la tierra y orar. El viejo y el rico se cruzaban diariamente y cambiaban unas pocas palabras en cada encuentro. El rico hablaba de su dinero y el viejo hablaba de su fe.
— La fe... –se burlaba el rico— Si como dices, tu Dios es tan poderoso ¿por qué no le pides que te envíe suficiente como para no pasar las privaciones que atraviesas?
— Tienes razón –dijo el viejo y se metió en su casa.
Al día siguiente, al cruzarse, el viejo tenía una cara de felicidad como pocos.
— ¿Qué te pasa, viejo?
— No es que me pase nada. Pero siguiendo tu consejo, le pedía a Dios esta mañana que me enviara cien monedas de oro.
— Ah, ¿sí?
— Sí, le dije que como yo había sido un buen hombre respetuoso de sus leyes, me merecía un premio y que elegía las monedas. ¿Te parece excesiva la cantidad?
— No importa que me parezca a mí –dijo el rico, burlonamente—. Lo que importa es que no le parezca demasiado a tu Dios, quizás él crea que tu premio es de veinte monedas o cincuenta u ochenta o noventa y dos, ¿quién sabe?
— Ah, no, Dios puede decidir si yo merezco el premio o no, pero mi pedido fue claro. Yo quiero cien monedas. No aceptaré veinte, ni treinta ni noventa y dos. Yo he pedido cien y no tengo dudas de que, si mi buen Dios se puede ocupar de mi pedido, lo hará. El no regateará conmigo. Y yo no regatearé con Él. Cien es el pedido y cien Él mandará. Yo no pienso aceptar que mande ni una moneda menos.
— Ja, ja, tú sí que eres exigente –dijo el hombre rico.
— Así como él me exige, yo le exigiré –dijo el viejo.
— Yo no te creo capaz de rechazar veinte o treinta monedas que te mande tu Dios, sólo porque no son cien.
— Pues rechazaría cualquier suma inferior a cien. Sin embargo, si Dios cree que es poco y decide mandarme más, también evitaría quedarme con el resto.
— Ja, ja, estás totalmente loco y me quieres hacer creer este cuento de tu fe y tu determinación... ja, ja... me gustaría verte manteniendo esa postura, ja, ja...
Y cada uno se volvió a su casa. Al rico, por alguna razón, este viejo lo alteraba. El no recibiría menos de cien monedas de oro, ¡qué caradura! Él debía desenmascararlo. Y lo haría esa misma tarde. Preparó en una bolsa noventa y nueve monedas de oro y se llegó hasta la casa del vecino. Este estaba de rodillas, en actitud de oración y rezaba:
—Dios, querido, ayúdame en mis necesidades. Creo tener derecho a esas monedas. Pero recuerda: son cien monedas. No quiero conformarme con lo que me mandes. Quiero cien exactas monedas
Mientras el viejo rezaba, el rico subió al techo y mandó las monedas por el hueco de la chimenea. Luego bajó a espiar. El viejo seguía de rodillas, cuando oyó el sonido metálico caer por el hueco de la chimenea. Lentamente se incorporó, se acercó a la chimenea, levantó la bolsita y le sacudió el hollín y la ceniza.
Después se acercó a la mesa y vació el contenido sobre la mesa. La pila de monedas apareció ante él. El viejo cayó de rodillas y agradeció al buen Dios el presente enviado. Una vez terminada la oración, empezó a contar monedas; ¡noventa y nueve! Eran noventa y nueve monedas. El hombre rico seguía esperando, preparado para demostrar su teoría.
El viejo alzó la voz al cielo y dijo:
— Dios mío, veo que tu decisión es cumplir el deseo de este pobre viejo, pero veo también que en las arcas del cielo no había más que noventa y nueve monedas y no quisiste hacerme esperar por tan sólo una moneda. No obstante, tal como te he dicho, no quiero aceptar una moneda más que cien ni una menos...
“Es un imbécil”, pensó el rico.
—...Por otro lado, eres para mí de absoluta confianza. Por ello y por única vez, voy a dejar a tu libertad el momento en que me mandarás la moneda que me debes.
—Traición –gritó el rico— ¡Hipócrita! –y a los gritos golpeó la puerta de su vecino.
— Eres un hipócrita –siguió diciendo—. Dijiste que no ibas a aceptar menos de cien y ya estás embolsando esas noventa y nueve monedas como nada, mentiroso tú y tu fe en Dios.
— No sé cómo sabes de las noventa y nueve monedas – dijo el viejo.
— Lo sé porque yo te envié esas noventa y nueve monedas, sólo para demostrarte que eres un charlatán. No aceptaré menos de cien. Ja, ja...
— Y de hecho, no aceptaré. Dios me enviará la última cuándo y cómo Él lo decida.
— El no te enviará nada, porque el que mandó estas monedas, como te dije, fui yo.
— No discutiré si tú fuiste o no el instrumento que usó Dios para satisfacer mi pedido. Pero el caso es que este dinero cayó por mi chimenea mientras yo lo pedía y es mío.
El hombre rico cambió su sonrisa por un gesto adusto.
— ¿Cómo que es tuyo? Esta bolsa y estas monedas son mías, yo las envié.
— Los designios de Dios son incomprensibles para el ser humano –dijo el viejo.
— Maldito seas, tú y tu Dios, devuélveme mi dinero o te haré comparecer ante un juez y perderás también lo poco que tienes.
— Mi único juez es mi Dios. Pero si te refieres al juez en el pueblo, no tengo inconvenientes en poner en sus manos el problema.
— Bien, vamos, entonces.
— Vas a tener que esperar a que compre un carruaje, porque ahora no tengo y un viejo como yo no puede darse el lujo de peregrinar hasta el pueblo.
— Nada de esperar. Yo te ofrezco mi carruaje.
— Realmente, agradezco tu actitud. En todos estos años nunca me habías ayudado en nada. Bien, de todas maneras deberemos esperar que pase un poco el invierno, hace mucho frío y mi salud no soportaría llegar al pueblo sin tener un buen abrigo.
— Estás tratando de dilatar el tema –dijo el rico furioso—. Te daré mi propio abrigo de pieles, para que puedas viajar. ¿Qué otra excusa tienes?
— En ese caso –dijo el viejo—, no puedo negarme. El viejo se abrigó con las pieles, subió al carruaje y partió hacia el pueblo, seguido por el hombre rico, en otro coche. Llegados allí, el hombre rico se apresuró a pedir audiencia y cuando el juez los hizo pasar, le contó en detalle su plan para desacreditar la fe del viejo, cómo había puesto las monedas, y cómo el viejo se había negado a devolvérselas.
— ¿Qué tienes para decir, viejo? –preguntó el juez.
— Señoría, mucho me extraña tener que estar aquí, para confrontar con mi vecino por este tema. Este hombre es el más rico de la ciudad, nunca ha demostrado ser solidario, nunca ha tenido una actitud caritativa con los demás. No creo que sea necesario que yo argumente en mi defensa. ¿Quién podría creer que un hombre avaro como éste va a poner casi cien monedas en una bolsa y las va a arrojar por la chimenea del vecino? Me parece claro que el pobre hombre me espiaba y al ver mi dinero, su codicia le hizo inventar esta historia.
— ¡Inventar! Viejo maldito –gritó el rico—. Tú sabes que todo es como yo digo. Ni tú te crees esa patraña de Dios enviándote monedas. Devuélveme la bolsa.
—Evidentemente, Señoría, el hombre está muy perturbado
_ Claro, me perturba que me roben. Te exijo que me des esa bolsa.
El juez estaba asombrado, los argumentos de ambos lo obligaban a tomar una decisión, pero ¿cuál sería la justa decisión?
—Devuélveme mi dinero, viejo tramposo –decía el rico—, ese dinero es mío, sólo mío.
En un momento, el rico saltó la baranda de madera que los separaba e intentó, fuera de sí, arrebatar la bolsa al viejo.
— ¡Orden! –gritó el juez— ¡Orden!
— Lo ve, señor Juez. La codicia lo enloquece. No me extrañaría que, si consigue la bolsa empezara a decir que también el carro en el que vine es suyo.
— Claro que es mío –se apresuró a decir el rico—, yo te lo presté.
— Lo ve usted, Señoría. Lo único que falta es que quiera ser el dueño de mi propio abrigo.
— ¡Por supuesto que soy el dueño! –gritó, ya descontrolado, el rico—. Es mío, todo es mío: la bolsa, el dinero, el carruaje, el abrigo... todo es mío... todo.
— ¡Alto! –dijo el juez, que ya no tenía dudas.
— ¿No te da vergüenza querer sacarle lo poco que tiene este pobre viejo?
— Pe... pero...
— Sin peros. Eres un codicioso y un aprovechador –siguió el juez—. Por haber intentado estafar a este pobre viejo, te condeno a una semana en la cárcel y a pagarle a tu vecino quinientas monedas de oro en compensación.
— Perdón su señoría –dijo el viejo—. ¿Puedo hablar?
— Sí, anciano.
— Yo creo que el hombre ha aprendido la lección. Yo te pido, a pesar de ser mi adversario, que le levantes la condena y que le impongas sólo una multa simbólica.
— Eres muy generoso, anciano. ¿Qué propones, cien monedas más, cincuenta?
— No, señor juez, yo creo que con sólo una moneda será suficiente castigo.
El juez golpeó con su martillo la mesa y sentenció:
—Gracias a la generosidad de este hombre y NO porque sea el deseo de la corte, se impone al acusador una simbólica multa de una moneda de oro, que deberá ser pagada de inmediato.
— ¡Protesto! –dijo el rico— ¡Me opongo!
— Salvo que el sentenciado rechace esta gentil propuesta de este buen hombre y prefiera la sentencia no tan benévola de la corte.
El hombre rico, resignado, sacó una moneda y la entregó al anciano.
— Asunto terminado –dijo el juez.
El rico salió corriendo a su carruaje y se marchó del pueblo. El juez saludó al viejo y también se retiró. Este alzó los ojos al cielo y dijo:
— Gracias Dios, ahora sí, no me debes nada
Autor: Jorge Bucay

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:48 am

LA VENTANA

Había una vez dos hombres, los dos con enfermedades graves, en la misma habitación de un gran hospital.

Pese a ser una habitación minúscula, tenia una ventana que miraba al mundo. A uno de los hombres, como parte de su tratamiento, se le permitía sentarse en la cama durante una hora por la tarde (algo relacionado con la extracción de liquido de sus pulmones. Su cama estaba junto a la ventana. Pero el otro hombre debía pasar todo el tiempo acostado boca arriba.

Todas las tardes, cuando el hombre que estaba al lado de la ventana se instalaba para su hora, pasaba el tiempo describiendo lo que veía afuera. Al parecer, la ventana daba a un parque en el que había un lago. En él había patos y cisnes y los chicos se acercaban para arrojarles pan y hacer navegar sus barquitos. Los enamorados caminaban tomados de la mano junto a los árboles y había flores y canteros de césped y juegos. Y al fondo, detrás de la hilera de árboles, se veía un espléndido panorama de la ciudad, recortada contra el cielo.

El hombre acostado escuchaba las descripciones que le hacia el otro, disfrutando cada minuto. Oía que un chico, casi se había caído al lago y lo lindas que estaban las chicas con sus vestidos de verano.

Las descripciones de su amigo, en definitiva, le hacían sentir que prácticamente podía ver lo que pasaba afuera.

Una tarde muy agradable, se le ocurrió: ¿Por qué el hombre de la ventana debía tener todo el placer de ver qué pasaba?¿ Por qué no iba a tener él una oportunidad? Se sintió avergonzado, pero cuanto más trataba de no pensar así, más quería el cambio.

¡Haría cualquier cosa! Una noche, mientras miraba el techo, el otro hombre se despertó de repente con tos y ahogos, y trato desesperadamente de alcanzar el botón para llamar a la enfermera. Pero él lo observo sin moverse, incluso cuando el sonido de la respiración se detuvo.

A la mañana, la enfermera encontró muerto a su compañero y, en silencio se llevaron su cadáver.

Cuando lo consideró oportuno, pregunto si no podían cambiarlo a la cama que estaba al lado de la ventana. Lo trasladaron, lo instalaron y lo pusieron cómodo. En cuanto se fueron, con dificultad se incorporo y se asomo a la ventana.

ENFRENTE HABIA UNA PARED BLANCA...
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Mar 08, 2012 9:52 am


Valdo se sentía atrapado. Él se veía como un niño normal, con un montón de ganas de aprender cosas, jugar ydivertirse. Pero nada le salía como quería: a su alrededor todos parecían no entender lo que decía, por muy alto que gritase o por muchos gestos o aspavientos que intentase. Y para colmo, ni siquiera su propio cuerpo le obedecía: a veces trataba de hablar y sólo producía ruidos, o quería coger algo y sus manos lo tiraban al suelo, o incluso al abrazar a su madre terminaba dándole un empujón. A veces, incluso, ni siquiera podía pensar con claridad.

Aquello le hacía sentir mucha rabia e impotencia, y muchos en su entorno, pensando que era un chico peligroso y agresivo, le dejaban de lado o le miraban con indiferencia. Y cuando esto pasaba, y Valdo se sentía triste, pensaba para sí mismo: "habría que verles a ellos en mi lugar...".

Pero un día, Valdo conoció a Alicia, una persona especial y maravillosa. Parecía ser la única que entendía su sufrimiento, y con muchísima paciencia dedicó horas y horas a enseñar a Valdo a manejar sus descontroladas manos, a fabricar sus propias palabras, e incluso a domar sus salvajes pensamientos. Y cuando, tras mucho tiempo y cariño, Valdo estuvo preparado, Alicia le hizo ver el gran misterio.

Sólo necesitó un par de fotografías, de sobra conocidas por el propio Valdo; pero entonces, mucho mejor preparado para entender, se dio cuenta: Valdo y Alicia eran un niño y una joven como todos los demás, atrapados por las deficiencias de sus cuerpos imperfectos.

Y ahora, gracias a ella, las puertas de la cárcel se estaban abriendo.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 1:50 am

LOS MINEROS

Seis mineros trabajaban en un túnel muy profundo extrayendo minerales desde las entrañas de la tierra. De repente un derrumbe los dejó aislados del afuera sellando la salida del túnel. En silencio cada uno miró a los demás.

De un vistazo calcularon su situación. Con su experiencia, se dieron cuenta rápidamente de que el problema sería el oxigeno. Si hacían todo bien les quedaban unas tres horas de aire, cuando mucho tres horas y media. Mucha gente de fuera sabría que ellos estaban allí atrapados, pero un derrumbe como este significaría horadar otra vez la mina para llegar a buscarlos. ¿Podrían hacerlo antes de que se terminara el aire?

Los expertos mineros decidieron que debían ahorrar todo el oxigeno que pudieran. Acordaron hacer el menor desgaste físico posible, apagaron las lámparas que llevaban y se tendieron todos en el suelo. Enmudecidos por la situación e inmóviles en la oscuridad era difícil calcular el paso del tiempo. Incidentalmente solo uno de ellos tenía reloj. Hacia él iban todas las preguntas: ¿cuanto tiempo pasó? ¿Cuánto falta? ¿Y ahora?

El tiempo se estiraba, cada par de minutos parecía una hora y la desesperación ante cada respuesta agravaba aun más la tensión.

El jefe de los mineros se dio cuenta de que si seguían así la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar. Así que ordenó al que tenia el reloj que solamente él controlara el paso del tiempo. Nadie haría mas preguntas, él avisaría a todos cada media hora.

Cumpliendo la orden, el del reloj controlaba su máquina. Y cuando la primera media hora pasó. Él dijo:”ha pasado media hora”. Hubo un murmullo entre ellos y una angustia que se sentía en el aire. El hombre del reloj se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba a ser cada vez más terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que ellos no merecían morirse sufriendo. Así que la próxima vez que les informó la media hora, habían pasado en realidad 45 minutos. No había manera de notar la diferencia así que nadie siquiera desconfió.

Apoyado en el éxito del engaño la tercera información la dio casi una hora después. Dijo "pasó otra media hora”... y los cinco creyeron que habían pasado encerrados, en total, una hora y media y todos pensaron en cuan largos se le hacia el tiempo. Así siguió el del reloj, a cada hora completa les informaba que había pasado media hora.

La cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en que cámara estaban atrapados, y que sería difícil poder llegar antes de cuatro horas. Llegaron a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrar a los seis mineros muertos. Encontraron vivos a cinco de ellos. Solamente uno había muerto de asfixia... el que tenía el reloj.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 1:51 am

EL EMBARAZO DE LA OLLA

Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla. A los cuatro días, la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a pedirle a su vecino que se la devolviera.

—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil!

— ¿Qué parto?

— El de la olla.

— ¿Qué?!

— Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada.

— ¿Embarazada?

— Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está recuperada.

— ¿Reposo?

— Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y una sartén.

— Esto no es mío, sólo la olla.

— No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es suya.

“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”.

— Bueno, gracias.

— De nada, adiós.

— Adiós, adiós.

Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla. Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el timbre.

—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza? ...Ahora se sentía más obligado que antes.

—Sí, claro.

Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador. Pasó casi una semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la puerta.

— Ay, vecino ¿usted sabía?

— ¿Sabía qué cosa?

— Que su destornillador y la pinza son pareja.

— ¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía.

—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó.

— ¿A la pinza?

— ¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza.

“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien. Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.

— He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene sobre su mesa una hermosa ánfora de oro.

¿No sería tan gentil de prestármela por una noche? Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos.

— Cómo no –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el ánfora perdida.

—Gracias, vecino.

—Adiós.

—Adiós.

Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y fue a reclamarle el ánfora a su vecino.

— ¿El ánfora? –dijo el vecino – Ah, ¿no se enteró?

— ¿De qué?

— Murió en el parto.

— ¿Cómo que murió en el parto?

— Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió.

— Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un ánfora de oro?

— Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el embarazo y la muerte del ánfora?

Autor: Jorge Bucay

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 1:56 am

EL SACO DE PLUMAS

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.

Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:

"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 1:56 am

LA MIRADA DEL AMOR

El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.

Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.

A su regreso, el rey fue informado de la situación.

-¿No es maravillosa?-dijo-Esto es verdaderamente amor filial. No le importó su vida para cuidar a su madre!! Es maravillosa!

Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.

-¡Parecen ricos!-dijo el rey.

-Lo son- dijo la princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.

-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta.¿no es fantástica?

Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.

Sentado con su amigo más confidente, le decía:

-Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.

Autor: Jorge Bucay
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 1:59 am

LA COBIJA

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los 70 años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos.

Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo.

Don Roque toco la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.

- Hola papá!

- Que milagro que vienes por aquí!

- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.

- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.

- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces, ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? Me siento tan solo!.

- ¿Quedarte a vivir aquí?, si..... claro...... pero no se si estarías a gusto, tú sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial..... y luego los niños....

- Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tendera la mano.

- No padre no es eso, solo que.... no se me ocurre donde podrías dormir.

No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían.... o solo que no te moleste dormir en el patio...

- Dormir en el patio está bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de 12 años.

- Dime papá.

- Mira tu abuelo se quedara a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.

- Si con gusto..... y ¿donde va a dormir?

- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

- Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos.

En ese momento llegó su padre.

- ¿Que haces Luis? ¿Por que cortas la manta de tu abuelo?

- Sabes papá, estaba pensando.....

- Pensando ¿en qué?.- En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa....
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 2:00 am


Había una vez dos monjes Zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río, una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva. — ¿Qué te sucede? –le preguntó el más anciano.

—Mi madre se muere. Ella está sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar. Lo intenté –siguió la joven— pero la corriente me arrastra y no podré llegar nunca al otro lado sin ayuda... pensé que no la volvería a ver con vida. Pero ahora... ahora que aparecisteis vosotros, alguno de los dos podrá ayudarme a cruzar...

—Ojalá pudiéramos –se lamentó el más joven—. Pero la única manera de ayudarte, sería cargarte a través del río y nuestros votos de castidad nos impiden todo contacto con el sexo opuesto. Eso está prohibido... lo siento.

—Yo también lo siento –dijo la mujer y siguió llorando.

El monje más viejo se arrodilló, bajó la cabeza y dijo:

—Sube.

La mujer no podía creerlo, pero con rapidez tomó su atadito de ropa y montó a horcajadas sobre el monje. Con bastante dificultad el monje cruzó el río, seguido por el otro más joven. Al llegar al otro lado, la mujer descendió y se acercó en actitud de besar las manos del anciano monje.

—Está bien, está bien –dijo el viejo retirando las manos— , sigue tu camino.

La mujer se inclinó en gratitud y humildad, tomó sus ropas y corrió por el camino al pueblo.

Los monjes, sin decir palabra, retomaron su marcha al monasterio. ...Faltaban aún diez horas de caminata.

Poco antes de llegar, el joven le dijo al anciano:

— Maestro, tú sabes mejor que yo de nuestro voto de abstinencia. No obstante, cargaste sobre tus hombros a aquella mujer todo el ancho del río.

—Yo la llevé a través del río, es cierto, ¿pero qué pasa contigo que la cargas todavía sobre los hombros?

Autor: Jorge Bucay
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 2:00 am

LAS TAZAS DE CAFÉ

Un grupo de ex-alumnos, altamente establecidos en sus carreras, se reunieron para visitar a su antiguo profesor de universidad. La conversación pronto se convirtió en quejas sobre el estrés en el trabajo y en la vida. Ofreciéndoles café a sus invitados, el profesor se dirigió a la cocina y regresó con una gran jarra de café y una variedad de tazas de porcelana, plástico, vidrio y cristal, algunas poco atractivas, algunas costosas, algunas exquisitas.

Le pidió a sus invitados que se sirvieran el café. Después de que todos tenían una taza de café en la mano, el profesor dijo:
-“Si se fijan, todas las tazas costosas y bonitas han sido tomadas, dejando atrás las comunes y baratas. Si bien es normal que deseen únicamente lo mejor para ustedes mismos, ésa es la fuente de sus problemas y estrés. Estén seguros de que la taza no añade calidad al café. En la mayoría de los casos simplemente es más costosa, y en algunos casos incluso oculta lo que bebemos. Lo que todos ustedes realmente querían era café, no la taza. Pero ustedes fueron conscientemente por las mejores tazas..."

Así comenzaron a mirarse las tazas unos a otros para ver quién tenía la mejor taza.

El profesor continuó:
-"Consideren ahora esto: la Vida es el café, El trabajo, el dinero y la posición en la sociedad, son las tazas. No son más que herramientas para sostener y contener la vida, y el tipo de taza que tenemos no define, no cambia, la calidad de vida que vivimos. Algunas veces, al centrarnos solo en la taza, no logramos disfrutar el café.
Saborea el café, no las tazas!. Las personas más felices No tienen lo mejor de todo, simplemente hacen lo mejor de todo. Vive sencillamente. Habla con amabilidad. Quiere profundamente. Ama generosamente.

“La Vida es como una Taza de Café”
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 2:03 am


Esta era una niña precoz de 8 años, su nombre era Tess. Un día escuchó a su madre y a su padre hablar
acerca de su hermanito Andrew. Ella sólo sabía que su hermano estaba muy enfermo y que su familia
no tenía dinero. Planeaban mudarse para un complejo de apartamentos el siguiente mes porque su padre
no tenía el dinero para las facturas médicas y la hipoteca.

Solamente una operación costosísima podría salvar a Andrew. Tess escuchó que su padre estaba
gestionando un préstamo pero no lo conseguía. Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenía
los ojos llenos de lágrimas, "Solo un milagro puede salvarlo".

Tess fue a su cuarto y sacó un frasco de jalea que mantenía escondido en el closet. Vació todo su contenido
en el suelo y lo contó cuidadosamente. Lo contó una segunda vez, ¡una tercera!. La cantidad tenía que ser
perfecta. No había margen para errores. Luego colocó todas las monedas en el frasco nuevamente, lo tapó
y se escabulló por la puerta trasera y caminó 6 cuadras hasta la farmacia más cercana. Esperó
pacientemente su turno. El farmacéutico parecía muy ocupado al momento y no le prestaba atención.
Tess movió su pie haciendo un ruido… ¡Nada!. Luego, se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo
producir… ¡Nada!.

Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador.
- "¿Qué deseas?- le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable. Y le dijo sin esperar
respuesta:
"Estoy hablando con mi hermano que acaba de llegar de Chicago y no lo he visto en años".

- "Bueno, yo quiero hablarle acerca de mi hermano," le contestó Tess en el mismo tono que
usara el farmacéutico. "Está muy enfermo y quiero comprar un milagro".

- "¿Qué dices?" dijo el farmacéutico

- "Su nombre es Andrew y tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi padre dice que sólo un
milagro lo puede salvar. Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?".

- "Aquí no vendemos milagros, pequeña. Lo siento pero no te puedo ayudar" le contestó el
farmacéutico;
ahora en un tono más dulce.

- "Mire, yo tengo el dinero para pagarlo. Si no es suficiente, conseguiré el resto. Solo dígame cuanto
cuesta".

El hermano del farmacéutico era un hombre elegante. Se inclinó y le preguntó a la niña:
- "¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?

- "No lo sé." Contestó Tess con los ojos a punto de explotar en llanto. "Sólo sé que está bien enfermo y mi
mami dice que necesita una operación. Pero mi papá no puede pagarla, así que yo quiero usar mi dinero".

- "¿Cuánto dinero tienes?- le preguntó el hombre de Chicago.

- "Un dólar con once centavos", contestó Tess en una voz que casi no se entendió. "Es todo el dinero que
tengo pero puedo conseguir más si lo necesita".

- "Pues que coincidencia." Dijo el hombre sonriendo. "Un dólar con once centavos, justo el precio de un
milagro para hermanos menores". Tomó el dinero en una mano y con la otra cogió a la niña del brazo y le
dijo:
"Llévame a tu casa. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. Veamos si yo tengo el milagro que
tú necesitas".

Ese hombre de buena apariencia era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especialista en neurocirugía.
La operación se efectuó sin cargos y en poco tiempo Andrew estaba de regreso a casa y en buena salud.

Los padres de Tess hablaban felices de las circunstancias que llevaron a este doctor hasta su puerta.
"Esa cirugía", dijo su madre "fue un verdadero milagro. Me pregunto cuánto habría costado".

Tess sonrió. Ella sabía exactamente cuánto costaba un milagro… un dólar con once centavos
MÁS TODA LA FE DE UNA PEQUEÑA.

Un milagro no es sólo la suspensión de una ley natural, sino la operación de una ley más alta
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Mar 11, 2012 2:04 am


Érase una vez... que había un muchacho que heredó tres tesoros de su padre, cada uno de ellos en un arcón cerrado.

El primer arcón era grande y muy pesado. En él estaba la palabra escrita TALENTOS, y estaba llena de monedas de oro y plata, una fortuna con la que podía comprar el mundo.

El segundo aun era más grande y pesado. En él estaba grabada la palabra COMPASIÓN y estaba lleno de anillos mágicos. Cada anillo permitía a la persona que lo llevaba sentir las emociones de la persona o criatura que deseara.

El tercero era el mayor de los tres y también el más pesado. En él estaba escrita la palabra HONOR, pero el muchacho desconocía su contenido.

El chico tenía dos llaves, una para el arcón de los TALENTOS y otra para el de la COMPASIÓN. Pero su padre no le había dejado la llave del HONOR. Su padre le había dicho que debía usar los talentos y que la compasión era algo que siempre debía tener a mano y a plena disposición. El honor, le había dicho, es algo que suele desaprovecharse fácilmente. Para poseerlo, el muchacho debía encontrar por sí mismo la llave que abría el arcón.

El chico cogió el gran arcón de los talentos y lo gastó con cuidado.Por cada talento que gastaba recibía de un hombre el título de una parcela de tierra, y acabó poseyendo el mundo entero.

Después cogió el arcón más grande y pesado:el de la compasión. Uno tras otro se colocó todos los anillos en los dedos y pudo comprender las
esperanzas y los temores de todas las personas y animales del mundo.Cuando hubo acabado, los amaba a todos y se convirtió en un gran gobernante.

Por último cogió el arcón del honor y buscó una llave para abrirlo.Donde quiera que fuese, ordenaba a sus sirvientes que llevaran todas las llaves que encontraran y que las probaran. Mucha gente lo instó a que rompiera el arcón y viera su contenido, pero el joven rechazó la sugerencia, porque la violencia no podía ser la llave del honor.Durante 10 años dio la vuelta al mundo sin encontrar la llave del honor.

- Alguien la esconde - pensaba -, pero la encontraré.

Volvió a salir de su mundo, llevándose con él el arcón de la compasión.Cuando alguien se acercaba para darle más llaves se ponía un anillo para ver si sus corazones escondían alguna llave especial que le permitiera abrir el arcón. Muchos volvieron a insistir en que rompiera el arcón, pero el hombre, ya mayor, se negó.Volvió a viajar durante 20 años más pero no consiguió encontrar la llave del arcón del honor.

- Poseo el mundo y los corazones de todos sus habitantes - pensaba -¿Como puede un hombre sin honor gobernar el mundo y sus corazones?.

Volvió a salir al mundo, llevándose consigo tambien el arcón de los talentos, lleno de heroicidades.

- No he encontrado la llave del honor y no puedo gobernar este mundo ni los corazones de su gente si no tengo honor - dijo a sus servidores,entregando a cada uno de ellos una parcela de tierra y un anillo mágico.

Muchos volvieron a insistir en que rompiera el arcón, pero el anciano se negaba constantemente. En los últimos 40 años había recorrido el mundo tres veces y ya era un hombre muy mayor.Ya sólo le quedaban tres arcones, dos de ellos vacios y uno que no podía abrir.

- En una ocasión el mundo y toda la gente me pertenecieron. Ahora mis talentos han desaparecido, se me ha acabado la compasión y no tengo nada que dejarle a mi hijo, salvo este arcón que no puedo abrir.

Pero cuando tocó el arcón con la mano, éste se abrió y vió que en su interior había dos arcones cerrados. En uno estaba la palabra grabada TALENTOS, y en el otro COMPASIÓN, y cada uno tenía su llave puesta.

- Ahora lo entiendo -se dijo-. El honor no es algo que pueda gastarse o utilizarse,sino algo que hay que consevar.La clave del honor es conservarlo, siempre, y transmitírselo a tu hijo como herencia. ¡Como me alegro de no haberme cansado nunca de cargar con él y de no haberlo roto para conocer su contenido!.

Con mucho cuidado sacó los arcones de los TALENTOS y de la COMPASIÓN fuera, y al cerrar el del honor, vacio,el arcón volvió a pesar lo mismo que cuando tenía los dos arcones en su interior. Entonces hizo llamar a su hijo.

- Hijo, yo ya soy muy mayor y me gutaría darte estos tres tesoros...
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Mar 13, 2012 10:00 am

EL BANCO MÁGICO

Imagina que... en una apuesta ganaste el siguiente premio:

Tu banco deposita CADA DÍA € 86.400,00 en una cuenta particular a tu nombre, pero, como es costumbre, este premio también exige condiciones específicas…

Primera condición:

Puedes disponer de TODO el dinero de la manera que TÚ dispongas…
PERO: El dinero que NO utilices en el día, el banco lo retomará...
Tampoco podrás utilizarlo para abrir otra cuenta...
Simplemente, tienes que ¡GASTARLO!.

Cuando despiertes al día siguiente, el banco depositará nuevamente € 86.400,00 en tu cuenta para que lo gastes ¡ESE DÍA!.
Y así sucesivamente...

Segunda condición:

El banco puede cancelar el premio “EN CUALQUIER MOMENTO y SIN PREVIO AVISO”.
El banco cancela la cuenta y NO tienes opción alguna para abrir otra cuenta con ese dinero... Entonces, el juego se da por terminado.

Entonces, TU ¿qué harías?.

¿Empezarías a comprarte todo lo que te venga en gana, no solo para ti, sino para las personas que quieres y estimas mucho?

¿Cierto o no?.

Quizás, incluso para gente que tú ni siquiera conoces, puesto que no siempre podrías gastar todo el dinero solo para ti…

¿Verdad?.

¿Intentarías utilizar CADA centavo que tuvieras a disposición?.

¿Verdad?.

Lo que no puedes imaginarte, es que ese juego es ¡UNA REALIDAD!.

Todos y cada uno de nosotros recibe al nacer una cuenta en el “Banco mágico”... sólo que no la vemos:

¡¡¡El Banco mágico, es el banco del TIEMPO!!!.

Desde el momento en que nacemos, recibimos CADA MAÑANA de nuestra vida 86.400 Segundos de vida para “vivirla” cada día...

Y, en la noche, cuando nos acostamos a dormir, el tiempo que no hemos utilizado ese día, ¡NO SE ACUMULA PARA EL DÍA SIGUIENTE!…

¡El tiempo que “no vivimos“ ese día, se pierde por completo!. Y cada mañana, nuestra cuenta vuelve a llenarse…

Pero el banco puede, EN CUALQUIER MOMENTO y SIN PREVIO AVISO cancelar la cuenta.

Entonces, ¿qué haces tú con tus 86.400 segundos que recibes a diario?.

¿No son MÁS valiosos que la misma cantidad en Euros?.
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Re: Cuentos para pensar

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