Cuentos para pensar

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Jul 23, 2012 9:09 am

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.

Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vió con horror lo que sucedía.
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.
Oyéndole, el niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde.

Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón.
El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.

Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.
El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son estas". Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con
fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida".


Última edición por Paula el Dom Ago 12, 2012 2:10 am, editado 1 vez
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Jul 23, 2012 9:11 am

¿ A dónde te llevan los hilos?

Mi abuela bordaba los manteles más hermosos.
Cuando era niño me quedaba junto a ella las tardes enteras charlando mientras sus hábiles manos danzaban en perfecta armonía con los hilos y telas.

Su estado de ánimo variaba dependiendo del día. A veces estaba alegre y conversadora, otras lucía seria y silenciosa. Y de vez en cuando se quejaba más de la cuenta.

Sin embargo siempre, sin importar el día, cosía con la misma mística. Frecuentemente la encontraba en su silla, dormitando, con la cabeza inclinada levemente hacia adelante, pero aferrando con firmeza su tejido.

Durante semanas sus bordados me parecían extraños y confusos, puesto que mezclaba hilos de distintos colores y texturas, que se veían en completo desorden.

Cuando le preguntaba que estaba tejiendo o bordando, sonreía y gentilmente me decía:

- Ten paciencia, ya lo verás.

Al mostrarme la obra terminada, me percataba que donde había habido hilos de colores oscuros y claros, resplandecía bordada una linda flor o un precioso paisaje. Lo que antes parecía desordenado y sin sentido, se entrelazaba creando una hermosa figura.

Me sorprendía y le preguntaba:

- Abuela, ¿cómo lo haces? ¿Cómo puedes tener tanta paciencia?

- Es como la vida. -respondía-. Si te fijas en la tela y los hilos en su estado original, se asemejarán a un caos, sin sentido ni relación, pero si recuerdas lo que estás creando, todo tendrá sentido.

Si juzgas tu vida solamente por la rutina de lo cotidiano, mucho de lo que haces parecerá inútil y sin sentido, pero si recuerdas el bordado que estás tejiendo, aun los enredos más caóticos cobrarán significado.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Sep 17, 2012 12:00 am

El País en que la lluvia era luminosa

Después de lentas jornadas a caballo por espacio de medio mes y por caminos desconocidos y veredas sesgas, llegamos al país de la lluvia luminosa.
La capital de este país, ignorado ahora, aunque en un tiempo fue escenario de claros hechos, era una ciudad gótica, de callejas retorcidas, llenas de sorpresas románticas, de recodos de misterio, de ángulos de piedra tallada, en que los siglos acumularon su pátina señoril, de venerables matices de acero.

Estaba la ciudad situada a la orilla de un mar poco frecuentado; de un mar cuyas aguas se debe a bacterias que viven en la superficie de los mares, a animálculos microscópicos que poseen un gran poder fotogénico, semejante en sus propiedades al de los cocuyos, luciérnagas y gusanos de luz.

Estos microorganismos, en virtud de su pequeñez, cuando el agua se evapora, ascienden con ella, sin dificultad alguna. Más aún: como sus colonias innumerables son superficiales, la evaporación las arrebata por miríadas, y después, cuando los vapores se condensan y viene la lluvia, en cada gota palpitan incontables animálculos, pródigos de luz, que producen el bello fenómeno a que se hace referencia.

A decir verdad, el mar a cuyas orillas se alzaba la ciudad término de mi viaje no siempre había sido fosforescente. El fenómeno se remontaba a dos o tres generaciones.

Provenía, si ello puede decirse, de la aclimatación en sus aguas de colonias fotogénicas (más bien propias de los mares tropicales), en virtud de causas térmicas debidas a una desviación del Gulf stream, y a otras determinantes que los sabios, en su oportunidad, explicaron de sobra. Algunos ancianos del vecindario recordaban haber visto caer, en sus mocedades, la lluvia oscura y monótona de las ciudades del Norte, madre del esplín y de la melancolía.

Desde antes de llegar a la ciudad, al pardear la tarde de un asoleado y esplendoroso día de julio, gruesas nubes, muy bajas, navegaban en la atmósfera torva y electrizada.
El guía, al observarlas, me dijo:
-Su merced va a tener la fortuna de que llueva esta noche. Y será un aguacero formidable.

Yo me regocijé en mi ánima, ante la perspectiva de aquel diluvio de luz…

Los caballos, al aspirar el hálito de la tormenta, apresuraron el paso monorrítmico.
Cuando aún no trasponíamos las puertas de la ciudad, el aguacero se desencadenó.
Y el espectáculo que vieron nuestros ojos fue tal, que refrenamos los corceles, y a riesgo de empaparnos como una esponja, nos detuvimos a contemplarlo.

Parecía como si el caserío hubiese sido envuelto de pronto en la terrible y luminosa nube del Sinaí…

Todo en contorno era luz; luz azulada que se desflecaba en las nubes en abalorios maravillosos; luz que chorreaba de los techos y era vomitada por las gárgolas, como pálido oro fundido; luz que, azotada por el viento, se estrellaba en enjambres de chispas contra los muros; luz que con ruido ensordecedor se despeñaba por las calles desiguales, formando arroyos de un zafiro o de un nácar trémulo y cambiante.

Parecía como si la luna llena se hubiese licuado y cayese a borbotones sobre la ciudad…
Pronto cesó el aguacero y traspusimos las puertas. La atmósfera iba serenándose.
A los chorros centellantes había sustituido una llovizna diamantina de un efecto prodigioso.

A poco cesó también ésta y aparecieron las estrellas, y entonces el espectáculo fue más sorprendente aún: estrellas arriba, estrellas abajo, estrellas por todas partes.
De las mil gárgolas de la Catedral caían todavía tenues hilos lechosos. En los encajes seculares de las torres brillaban prendidas millares de gotas temblonas, como si los gnomos hubiesen enjoyado la selva de piedra. En los plintos, en los capiteles, en las estatuas posadas sobre las columnas; en las cornisas, en el calado de las ojivas, en todas las salientes de los edificios, anidaban glóbulos de luz mate. Los monstruos medievales, acurrucados en actitudes grotescas, parecían llorar lágrimas estelares.
Y por las calles inclinadas y retorcidas, como un dragón de ópalo fundido, la linfa brillante huía desenfrenada, saltando aquí en cascadas de llamas lívidas, bifurcándose allá, formando acullá remansos aperlados en que se copiaban las eminentes siluetas de los edificios, como en espejos de metal antiguo…

Los habitantes de la ciudad (las mujeres, sobre todo), que empezaban a transitar por las aceras de viejas baldosas ahora brillantes, llevaban los cabellos enjoyados por la lluvia cintiladora.

Y un fulgor misterioso, una claridad suave y enigmática se desparramaba por todas partes.

Parecía como si millares de luciérnagas caídas del cielo batiesen sus alas impalpables.
Absorto por el espectáculo nunca soñado, llegué sin darme cuenta, y precedido siempre de mi guía, al albergue principal de la ciudad.

En la gran puerta, un hostelero obeso y cordial me miraba sonriendo y avanzó complaciente para ayudarme a descender de mi cabalgadura, a tiempo que una doncella rubia y luminosa como todo lo que la rodeaba, me decía desde el ferrado balcón que coronaba la fachada:
-Bien venida sea su merced a la ciudad de la lluvia luminosa.

Y su voz era más armoniosa que el oro cuando choca con el cristal.


Autor: AMADO NERVO
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Sep 17, 2012 12:00 am

ALMAS GEMELAS

Me gusta recorrer el mundo y además lo hago en pocas horas. Cuando se cierran las puertas de la biblioteca donde trabajo, giro su gigantesca bola terrestre y poso el índice ciego. El azar decide el lugar de mi próximo viaje.

Claro que en numerosas ocasiones, mi destino no ha sido otro que las aguas del océano, pero nunca me ha importado nadar entre delfines y ballenas.

Ilustro mi expedición, acudiendo a los libros que anteriores viajeros escribieron para mí. Así preparo los sueños que habitarán sus paisajes, los colores de sus ropas, o el aroma de sus guisos.

El lunes pasado, mi dedo se posó en Honshu, la isla japonesa más grande. Por eso me dio un vuelco el corazón, cuando le vi aparecer en la biblioteca, con sus bonitos ojos rasgados, buscando información sobre la ciudad.

Se dirigió a mí, con un “hola” y continuó preguntándome en inglés. Charlamos, charlamos, y acabamos tomando juntos el desayuno del día siguiente.

Durante la noche conocí el aroma, el tacto, y el sabor, del País del Sol Naciente. Mi destino.

-¿Sabes cómo te he encontrado? –me confesó. Tengo costumbre de elegir mis viajes haciendo girar una bola del mundo

Autor: Paloma Casado Marco
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Sep 17, 2012 12:01 am

Una persona perversa resuelve hacer un presente a una persona pobre por su aniversario e irónicamente manda preparar una bandeja llena de basura y desperdicios.

En presencia de todos, manda entregar el presente, que es recibido con alegría por el agasajado.

Gentilmente, el agasajado agradece y pide que lo espere un instante, ya que le gustaría poder retribuir la gentileza.

Tira la basura, lava la bandeja, la cubre de flores, y la devuelve con un papel, donde dice:
"Cada uno da lo que posee."
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Mar Sep 18, 2012 4:12 am

La Humildad

Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
“Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?”

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
“Estoy escuchando el ruido de una carreta...”

“ Eso es” -dijo mi padre-“es una carreta vacía”.

Pregunté a mi padre:
“¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?

” Entonces mi padre respondió:
“Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido.
Cuánto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

Me convertí en adulto y hasta hoy, cuando noto a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
“Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace”.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas.
Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.
Nadie está más vacío, que aquel que esta lleno del ‘Yo mismo’.
Seamos lluvia serena y mansaque llega profundamente a las raíces, en silencio, nutriendo.

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Miér Sep 19, 2012 4:38 am

El viaje me enseñó que es mejor meter en la mochila sólo lo necesario. Me aleccionó, a conciencia, de que los besos saben mejor cuando los da el corazón; y al dedillo, de que es mejor sumar ilusiones y restar importancia para solucionar problemas. Me mostró, al pie de la letra que no se necesitan alas para volar; y de carrerilla, que si me caigo, me tengo que levantar. Asimilé, letra por letra, que la vida, aunque regale sonrisas, también puede reírse de mí. Aprendí de memoria, que ser libre es muy difícil. Y punto por punto, que también hay comas y signos de interrogación. Me hizo comprender que en el barro mis pies pueden dejar huella, que las palabras tienen una fuerza incalculable y que los sentimientos palpitan en las sienes. Ahora te toca a ti, mi pequeña. Sé que vas a conseguirlo. Tu periplo empieza en una crisálida de cristal, rodeada de máquinas que te conectan a la vida; pero en un rinconcito de tu incubadora tienes tu mochila, ahora llena a reventar con el amor de tus padres, esperándote para que la vacíes y la llenes poco a poco de vida

Autor: Paloma Hidalgo Díez
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Vie Sep 21, 2012 5:39 am

La bailarina se había hecho vieja y sus piernas se volvieron frágiles. La cuerda de la cajita de música no dura eternamente. Ahora en vez de bailar, sonríe o llora. Cada sonrisa es una pirueta pensada. Cada lágrima una nota menos.

La vida es el baile de risas y llantos que acontece cuando queriendo tocar el cielo, nos dejamos atrapar por la tierra, pero, si al morir el tango ha sido bueno, los ángeles aplauden.

La anciana bailarina entre aplausos hizo su último giro. Lo único que se pudo llevar de este mundo es el recuerdo de haber hecho su danza con sinceridad. No bailó lo que le mandaban, ni lo que otros bailaban, bailó a su ritmo, movió su aliento... Fue transparente como el agua.

Autor: Manuel Ferrero
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Vie Sep 21, 2012 5:40 am

Dos semillas estaban juntas en el suelo primaveral y fértil.

La primera semilla dijo :
.- ¡ Yo quiero crecer ¡ Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me cubre....Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la llegada de la primavera.... ¡ Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos ¡
Y así creció.

La segunda semilla dijo :
.- Tengo miedo . Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sabré con qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo puedo dañar mis delicados brotes...Si dejo que mis capullo se abran, quizás un caracol intente comérselos....Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me arrancara del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.
Y así esperó.

Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Sep 23, 2012 1:03 am

La vejez

No pretendo ser perfecto, pero sí quisiera ser un viejo que no saque de quicio a todo el mundo, que no exaspere a los demás.

No aspiro a ser un santo, pero sí una anciano que no se crea infalible, ni viva de quejas y temores.

No pretendo cambiar a estas alturas mis patrones de vida, pero sí convertir los años en espíritu y que fluya la dulzura; convertir las canas en acierto y que fluya el consejo; convertir las arrugas en sonrisas y reflejar lo que llevo dentro.

Abrir paso a la precipitación de los demás, para que me perciban lo menos posible y no llegue a ser un estorbo.

No interferir en el camino de la juventud siempre con una censura y un repudio.

Admitir los atenuantes que tienen para ser así y comprender que los buenos de ahora son quizás mejores que los de antes, porque transitan por mayores peligros y enfrentan peores tentaciones.

No es posible hacer juventud con la vejez, pero sí aminorar mi alteración, mi irritabilidad, mi depresión, mi desasosiego y mi inevitable deterioro.

No quisiera brillar en el mundo, pero sí quisiera desde mi sillón de soledad, dar alguna claridad.

No quisiera estar martillando sobre mi experiencia, porque sería inútil. A cada uno le gusta vivirla y descubrirla por si mismo.

Ni pretendo llevar a nadie de la mano: cada cual quiere caminar solo su propio destino.
Pero sí deseo ser un faro en silencio que no apague su luz. Ser una barca en retirada llena de palomas, de historia, de relatos, de recuerdos que hablen, de miradas que descubran, de hechos que hagan pensar…

No desperdiciar la vejez. No mirar los años con miedo, dándoles a estos últimos un profundo sentido, porque son el espacio final para movernos y el momento irrepetible para la realización completa.

No hacer de la vejez un lastre y una insignificancia, sino una sombra que fue luz, un árbol que fue fruto y un camino que fue huella.

¡¡¡No vivir en la oscuridad como algo inservible, sino pararme delante de una estrella para morir iluminado!!!
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Dom Sep 23, 2012 1:04 am

Desafinado

Dos amigos andan juntos por una calle de una gran ciudad. Los envuelve el ruido multiforme de la ciudad moderna.

Los dos amigos son diferentes y se nota en su andar. Uno es alemán, hijo de la ciudad, criatura del asfalto, ciudadano del marco. El otro es un yogui hindú. Está de visita. Lleva ropas anaranjadas y mirada inocente. Anda con pies descalzos, que se apresuran para seguir a su amigo.

De repente el yogui se para, toma del brazo a su amigo y le dice:

- “Escucha, está cantando un pájaro”.

El amigo alemán le contesta:

- “No digas tonterías. Aquí no hay pájaros. No te detengas”. Y sigue adelante.

Al cabo de un rato el yogui, disimuladamente, deja caer una moneda sobre el pavimento. El amigo se detiene y le dice:

- “Espera. Se ha caído algo”. Sí, claro. Allí estaba la moneda sobre el adoquín.

El yogui sonríe.

- "Tus oídos están afinados al dinero, y eso es lo que oyen. Basta el sonido mínimo de una moneda sobre el asfalto, para que se llenen tus oídos, y se paren los pies. Estás a tono con el dinero, y eso es lo que oyen tus oídos, lo que ven tus ojos ,y lo que desea tu corazón. Oímos lo que queremos.

En cambio estás desafinando ante los sonidos de la naturaleza. Tienes muy buen oído, pero estás sordo. Y no sólo de oído, sino de todo. Estás cerrado a la belleza, a la alegría, a los colores del día, y a los sonidos del aire. Andas desafinado."

El pájaro sí había cantado.
Carlos G. Vallés
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Oct 04, 2012 7:37 am

- ¿Recuerdas que una vez me preguntaste cómo comencé a hacer fotos? Pues esta es la historia de cómo conseguí mi primera cámara. En realidad es la única cámara que he tenido. ¿Me sigues hasta ahora?

- Como un cordero.

- Esta es la historia de cómo ocurrió:
Muy bien. Fue en el verano del 76, cuando empecé a trabajar con Winnie, el año del bicentenario. Un día entró un chaval y empezó a robar cosas de la tienda. Estaba ante la estantería del fondo, metiéndose revistas de chicas desnudas bajo la camiseta. Yo no le había visto porque había mucha gente en el mostrador. Cuando vi lo que estaba haciendo le empecé a gritar. Salió zumbando como un conejo. Sssssssh. Para cuando yo había salido del mostrador, él ya corría perdiendo el culo por la Séptima Avenida. Le perseguí durante media manzana, y luego abandoné. Se le había caído algo por el camino, y como no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver qué era. Resultó ser su cartera. No había dinero dentro, pero llevaba el permiso de conducir, junto con… tres o cuatro fotos. Podría haber llamado a la poli y denunciarle, sabía su nombre y dirección por el carné. Pero sentí lástima por él, no era más que un pobre desgraciado, y en cuanto vi las fotografías que llevaba en su cartera, me fue imposible sentir ningún enfado hacia él. Roger Goodwin, ese era su nombre. Recuerdo que en una de las fotos estaba junto a su madre, y en otra de ellas aparecía sujetando un trofeo en el colegio. Sonreía como si le hubiese tocado la lotería. No tuve coraje. Un pobre chico de Brooklyn. Y tampoco era tan grave. Al fin y al cabo, a quién le importaban un par de revistas guarras. Así que conservé la cartera. De cuando en cuando sentía la necesidad de devolvérsela, pero entre unas cosas y otras nunca lo hacía. Entonces llegó la Navidad, y yo no tenía nada que hacer. Winnie me había invitado a su casa pero su madre se puso enferma y tuvo que ir a Miami junto con su mujer. Así que aquella mañana yo estaba en casa compadeciéndome de mí mismo. Entonces vi la cartera de Roger Goodwin en una repisa. Me dije: “¿Qué coño? ¿Por qué no hago algo bueno por una vez?”. Me puse la chaqueta y me fui a devolver la cartera. Vivía en Boerum Hill, en uno de esos bloques de casas baratas. Recuerdo que aquel día hacía un frío que pelaba. Me perdí buscando el edificio del chico, todos aquellos bloques parecían iguales, y yo siempre terminaba en el mismo patio creyendo que era otro. Es igual. Al final encontré el edificio que buscaba y el piso que buscaba. Llamé al timbre. Nadie respondió. “No habrá nadie”, pensé. Volví a llamar para asegurarme. Ya estaba a punto de irme, pero esperé un poco más, y oí unos pasos tras la puerta. La voz de una anciana preguntó “¿Quién es?”. Contesté “Busco a Roger Goodwin”. “¿Eres tú Roger?”, dijo ella. Después de luchar con quince cerrojos abrió la puerta. Tendría por lo menos ochenta o a lo mejor noventa años, y lo primero que advertí en ella fue que era ciega. “Roger, sabía que vendrías”, dijo, “sabía que no te olvidarías de tu abuela Ecel en Navidad”. Y entonces abrió los brazos como si fuera a abrazarme. Yo no tenía mucho tiempo para pensar, tenía que decirle algo en seguida, y antes de que pudiera darme cuenta, las palabras salieron de mi boca. “Así es, abuela Ecel”, le dije, “he vuelto para verte por Navidad”. No me preguntes por qué. No sé por qué se lo dije. Simplemente me salió. Aquella anciana me abrazó de repente allí en la puerta. Yo también la abracé. Fue como si los dos decidiéramos jugar a ese juego, sin tener que discutir las reglas. Sabía de sobra que yo no era su nieto, era vieja y chiflada, pero no estaba tan mal como para no distinguir entre un completo extraño y alguien de su propia sangre. Sin embargo fingir la hacia feliz. Yo no tenía nada que hacer, así que acepté encantado el juego. Bien, entré con ella en el piso y pasamos el día juntos. Cada vez que me preguntaba que qué tal me iba yo le mentía, le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que iba a casarme… le conté las historias más bonitas que se me ocurrieron, mientras ellas fingía creérselo todo. “Muy bien, Roger”, me decía mientras asintiendo con la cabeza y sonriendo, “Siempre supe que todo te iría bien en la vida.”. Bien, al cabo de un rato me entró hambre. Dado que no había nada de comida en la casa, salí a ver si había una tienda abierta. Y compré un montón de cosas. Compré un pollo asado, sopa de verduras, un poco de ensalada de patatas… un montón de cosas. La abuela Ecel tenía guardadas un par de botellas de vino en su cuarto. Así que entre los dos pudimos organizar una cena de Navidad digna. Nos pusimos un poco chispas con el vino… Y cuando terminamos de comer fuimos a la sala de estar. Los sillones eran más cómodos. Yo tenía ganas de mear, así que me disculpé y fui al cuarto de baño, que estaba abajo. Las cosas entonces tomaron otro rumbo. Ya había hecho bastante el tonto con el numerito de fingirme el nieto, pero lo que hice luego, fue especialmente insensato, y desde entonces no he podido perdonármelo. Entré en el baño, apiladas en una de las pareces junto a la ducha descubrí un montón de cámaras, nuevas, de 35 Mm., estaban sin estrenar. Yo no había hecho una sola fotografía en mi vida. Y mucho menos todavía robado. Pero en cuanto vi aquellas cámaras en el cuarto de baño, decidí que una de esas cámaras sería para mí. Así, sin más. Y sin pensarlo un momento, tomé una de esas cámaras, la escondí bajo el brazo y volví a la sala de estar. No había estado fuera más de tres minutos, pero en aquel rato, la abuela Ecel se había dormido. Demasiado vino, supongo. Me fui a la cocina y lavé los platos. Ella dormía plácidamente, roncando como un bebe. No había por qué molestarla, así que decidí irme. No podía escribirle una carta de despedida puesto que era ciega, así que me marché. Puse la cartera de su nieto sobre la mesa, volví a coger la cámara, y salí del apartamento. Así se acaba el cuento.

- ¿Alguna vez volviste a verla? ¿No volviste a visitarla?

- Una vez. Tres o cuatro meses después. Me sentía tan culpable por haber robado la cámara que ni la había usado. Al final resolví devolverla, pero la abuela Ecel ya no estaba allí. En aquel apartamento vivía otra persona y no pudo decirme dónde estaba.

- Seguramente había muerto.

- Sí. Seguramente.

- De ser así pasó su última Navidad contigo.

- Supongo que sí. Eso nunca lo había pensado.

- Fue una buena acción. Fue muy bonito lo que hiciste por ella.

- Mentí y robé a esa mujer. ¿Llamas a eso una buena acción?

- La hiciste feliz, y la cámara había sido robada, no pertenecía a la persona a la que se la cogiste.

- Todo por el arte, ¿eh, Paul?

- No diría tanto, pero al menos has hecho un buen uso de la cámara.


Fragmento del guión de Smoke, escrito por Paul Auster.
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Oct 04, 2012 7:39 am

LA ESPERA

-No ha empezado muy bien el día, ¿no, amigo?

-¿Es a mí? -Responde sorprendido un joven ejecutivo, vestido de traje, que miraba alternativamente su reloj y al fondo de la calle.

-Sí, sí. Que digo yo que vaya desastre, para usted, me refiero.

-¿Desastre?

-Claro, el autobús, ¡que ha pasado de largo sin parar!

-Ah, sí, a veces ocurre.

-Yo lo he sentido por usted, que parece tener prisa. A mí, como quien dice, me da igual. Sólo voy al centro a ver a mi hija, que acaba de salir del hospital...

-Perdone, es que tengo un poco de prisa -interrumpe visiblemente molesto el joven ejecutivo, cuya excusa había sonado fácil y mecánica, mientras se ajustaba la chaqueta por el frío, sin apartar ya la vista de la esquina de la calle por donde debía aparecer un nuevo autobús.

-Pero si no puede irse hasta que llegue el próximo -afirma sonriente y tranquilo, desde su asiento, el hombre mayor-. Estando aquí en la parada, no tenemos más que dejarlo llegar... Le decía que mi hija ha tenido una niña, es mi primera nieta, ¿sabe? Pero si he esperado 68 años, igual puedo quedarme sin verla una hora más.

-¿Va a tardar una hora en venir el próximo autobús? -Pregunta alarmado el joven, mirando por primera vez a su interlocutor.

-No hombre, no, es un decir; que ya tanto me da una hora que otra, ¿no me entiende? Mi hija no se va a ir de la casa y yo, como estoy jubilado, tampoco tengo que regresar para ir al trabajo; además, puedo quedarme a comer con mi hija, a veces prepara...

-Lo siento, pero es muy importante, debo consultar estos documentos -interrumpe nuevamente y abre su agenda, que es lo que encuentra más a mano en su maletín.
-Sí, sí, consulte usted, parece importante. Yo también me tomaba muy en serio mi trabajo. Yo era escayolista, ¿sabe usted?

El joven, viendo que no había manera, rebuscó entre los teléfonos el de alguna persona a la que poder llamar a las ocho de la mañana, sin que resultara extraño. Sacó su teléfono móvil y marcó un número. Se puso a hablar y el hombre mayor quedó en silencio, con la vista fija en los altos edificios de ventanas cerradas.

Autor: Miguel Castro
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Oct 04, 2012 7:39 am

Belleza para vivir

Una mañana llegó a las puertas de la ciudad un mercader árabe y allí se encontró con un pordiosero medio muerto de hambre. Sintió pena por él y le socorrió dándole dos monedas de cobre.

Horas más tarde, los dos hombres volvieron a coincidir cerca del mercado:

- “¿Qué has hecho con las monedas que te he dado?”, preguntó el mercader.

- “Con una de ellas me he comprado pan, para tener de qué vivir; con la otra me he comprado una rosa, para tener por qué vivir…”
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Jue Oct 04, 2012 7:40 am

Nasrudin y el Huevo

Cierta mañana Nasrudin – el gran místico sufí que siempre fingía ser loco –
envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al medio de la plaza de su ciudad y llamó
a los que pasaban por allí.

- ¡Hoy tendremos un importante concurso! – dijo – ¡Quien descubra lo que está
envuelto en este pañuelo, recibirá de regalo el huevo que está dentro!

Las personas se miraron, intrigadas, y respondieron: -¿Cómo podemos saberlo?
¡Ninguno de nosotros es adivino!

Nasrudin insistió:
- Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema,
rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de
una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad, y nos recuerda
a los pájaros que vuelan hacia sus nidos, Entonces, ¿quién puede decirme lo que
está escondido?

Todos los habitantes pensaban que Nasrudin tenía en sus manos un huevo, pero
la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros.
¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil
imaginación mística de los sufis? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el
líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, aquel loco
estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo.

Nasrudin preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio.

Entonces él abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.

- Todos vosotros sabíais la respuesta – afirmó – y nadie osó traducirla en
palabras.

Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos
son dadas generosamente, pero estas personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada.

cuentos cortos de Caulo coelho
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Oct 15, 2012 5:49 am

Algo muy grave va a sucederle a este pueblo

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno con una expresión de preocupación en su rostro. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

- “No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo”.

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

- “Te apuesto un peso a que no la haces”

Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta:

- “Es cierto, pero me he quedado preocupado por algo que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a sucederle a este pueblo”.

Todos se ríen de él, y el que se ganó su peso regresa a casa, donde está con su mamá. Feliz con su dinero dice:

- “Le gané este peso a Dámaso de la forma más sencilla porque es un tonto”

- “¿Por qué es un tonto?”

- “Porque no pudo hacer una carambola sencillísima preocupado porque su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.”

Su madre le dice:

- "No te burles de los presentimientos de los mayores porque a veces se hacen realidad... "

Una pariente oye esto y va a comprar carne. Le pide al carnicero:

- “Deme un kilo de carne”, y en el momento que la está cortando, le dice “mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar le dice:

- “Mejor lleve dos kilos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas”.

Entonces la señora responde:

- “Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...”

Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega un momento en que toda la gente en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde alguien dice:

- "¿Se han dado cuenta del calor que está haciendo?"

- "¡Pero si en este pueblo siempre hizo calor! Tanto calor que los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos."

- "Sin embargo" -dice uno-, "a esta hora nunca hizo tanto calor."

- "Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor."

- "Sí, pero no tanto calor como ahora". Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

- “Hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.

- "Pero señores, siempre hay pajaritos que bajan."

- "Sí, pero nunca a esta hora". Es tal la tensión de los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

- “Yo que soy muy macho” - grita uno – “Me voy”.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que los demás dicen:

- “Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos”. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

- “Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa”, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra; en medio de ellos va la señora que tuvo el presentimiento y le dice a su hijo :

- “¿Viste mi hijo que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”.


Este cuento fue narrado verbalmente en un congreso de escritores, por Gabriel García Márquez


Última edición por Paula el Lun Nov 19, 2012 7:15 am, editado 1 vez
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Oct 15, 2012 5:50 am

La corbata

Un hombre avanza desesperado por el desierto. Acaba de beber la última gota de agua de su cantimplora. El sol sobre su cabeza y los buitres que lo rondan anuncian un final inminente.

- "¡Agua!", grita. "¡Agua!¡Un poco de agua!"

Desde la derecha ve venir a un beduino en un camello que se dirige hacia él.

- "¡Gracias a Dios!", dice. "¡Agua por favor... agua!"

- "No puedo darte agua", le dice el beduino. "Soy un mercader y el agua es necesaria para viajar por el desierto."

- "Véndeme agua", le ruega el hombre. "Te pagaré..."

- "Imposible “efendi”. No vendo agua, vendo corbatas."

- "¿¿¿Corbatas???"

- "Sí, mira qué maravillosas corbatas... Estas son italianas y están de oferta, tres por diez dólares... Y estas otras, de seda de la India, son para toda la vida... Y éstas de aquí..."

- "No... No... No quiero corbatas, quiero agua... ¡Fuera! ¡Fueraaaaa!"

El mercader sigue su camino y el sediento explorador avanza sin rumbo fijo por el desierto.

Al escalar una duna, ve venir desde la izquierda otro mercader. Entonces corre hacia él y le dice:

- "Véndeme un poco de agua, por favor..."

- "Agua no", le contesta el mercader. "Pero tengo para ofrecerte las mejores corbatas de Arabia..."

- "¡¡¡Corbatas!!! ¡No quiero corbatas! ¡Quiero agua!", grita el hombre desesperado.

- "Tenemos una promoción", insiste el otro. "Si compras diez corbatas, te llevas una sin cargo."

- "¡¡¡No quiero corbatas!!!"

- "Se pueden pagar en tres cuotas sin intereses y con tarjeta de crédito. ¿Tienes tarjeta de crédito?"

Gritando enfurecido, el sediento sigue su camino hacia ningún lugar.

Unas horas más tarde, ya arrastrándose, el viajero escala una altísima duna y desde allí otea el horizonte.

No puede creer lo que ven sus ojos. Adelante, a unos mil metros, ve claramente un oasis. Unas palmeras y un verdor increíble rodean el azul reflejo del agua. El hombre corre hacia el lugar temiendo que sea un espejismo. Pero no, el oasis es verdadero.

El lugar está cuidado y protegido por un cerco que cuenta con un solo acceso custodiado por un guardia.

- "Por favor, déjeme pasar. Necesito agua... agua. Por favor."

- "Imposible, señor. Está prohibido entrar sin corbata."

Autor: Jorge Bucay
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:11 am

Los tres príncipes de Serendip

El discípulo miró al maestro en la profundidad de la tarde.

- "Maestro, ¿es bueno para el sabio demostrar su inteligencia?"

- "A veces puede ser bueno y honorable permitir que los hombres te rindan honores."

- “¿Sólo a veces?”

- “Otras puede acarrearle al sabio multitud de desgracias. Eso es lo que les sucedió a los tres Príncipes de Serendip, que utilizaron distraídamente su inteligencia. Habían sido educados por su padre, que era arquitecto del gran Shá de Persia, con los mejores profesores, y ahora se encaminaban en un viaje hacia la India para servir al Gran Mogol, del que habían oído su gran aprecio por el Islam y la sabiduría. Sin embargo, tuvieron un percance en su camino.”

- “¿Qué les pasó?”

- “Una tarde como esta, caminaban rumbo a la ciudad de Kandahar, cuando uno de ellos afirmó al ver unas huellas en el camino: “Por aquí ha pasado un camello tuerto del ojo derecho".

- “¿Cómo pudo adivinar semejante cosa con tanta exactitud?”

- “Había observado que la hierba de la parte derecha del camino, la que daba al río, y por tanto la más atractiva, estaba intacta, mientras la de la parte izquierda, la que daba al monte y estaba más seca, estaba consumida. El camello no veía la hierba del río.”

- “¿Y los otros príncipes?”

- “El segundo, que era más sabio, dijo: “le falta un diente al camello.”

- “¿Cómo podía saberlo?”

- “La hierba arrancada mostraba pequeñas cantidades masticadas y abandonadas.”

- “¿Y el tercero?”

- “Era mucho más joven, pero aun más perspicaz, y, como es natural, en los hijos pequeños, más radical, al estar menos seguro de sí mismo. Dijo: “el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. La izquierda, seguro"

- “¿Cómo lo sabía?”

- “Las huellas eran más débiles en este lado.”

- “¿Y ahí acabaron las averiguaciones?”

- “No. El mayor, picado en esta competencia, afirmó: “por mi puesto de Arquitecto Mayor del Reino que este camello llevaba una carga de mantequilla y miel.”

- “Pero, eso es imposible de adivinar.”

- “Se había fijado en que en un borde del camino había un grupo de hormigas que comía en un lado, y en el otro se había concentrado un verdadero enjambre de abejas, moscas y avispas.”

- “Se trata de un difícil reto para los otros dos hermanos.”

- “El segundo hermano bajó de su montura y avanzó unos pasos. Era el más mujeriego del grupo por lo que no es extraño que afirmara: "En el camello iba montada una mujer". Y se puso rojo de excitación al pensar en el pequeño y grácil cuerpo de la joven, porque hacía días que habían salido de la ciudad de Djem y no habían visto ninguna mujer aún.”

- “¿Cómo pudo saberlo?”

- “Se había fijado en unas pequeñas huellas de pies sobre el barro del costado del río.”

- “¿Por qué había bajado? ¿Tenía sed?”

- “El tercer hermano, absolutamente herido en su orgullo de adolescente por la inteligencia de los dos mayores, afirmó: "Es una mujer que se encuentra embarazada, hermano. Tendrás que esperar un tiempo para cumplir tus deseos".

- “Eso es aún más difícil de saber.”

- “Se había percatado que en un lado de la pendiente había orinado pero se había tenido que apoyar con sus dos manos porque le pesaba el cuerpo al agacharse.”

- “Los tres hermanos eran muy listos.”

- “Sin embargo, su sabiduría les trajo muchas desgracias.”

- “¿Por qué?”

- “Por su soberbia de jóvenes. Al acercarse a la ciudad, contemplaron un mercader que gritaba enloquecido. Había desaparecido uno de sus camellos y una de sus mujeres. Aunque estaba más triste por la pérdida de la carga que llevaba su animal, y echaba la culpa a su joven esposa que también había desaparecido.”

- “¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?”, le dijo el hermano mayor.

- “Sí”, le dijo el mercader intrigado.

- “¿Le faltaba algún diente?”

- “Era un poco viejo”, dijo rezongando, “ y se había peleado con un camello más joven.”

- “¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?”

- “Creo que sí, se le había clavado la punta de una estaca.”

- “Llevaba una carga de miel y mantequilla.”

- “Una preciosa carga, sí.”

- “Y una mujer.”

- “Muy descuidada por cierto, mi esposa.”

- “Qué estaba embarazada.”

- “Por eso se retrasaba continuamente con sus cosas. Y yo, pobre de mí, la dejé atrás un momento. ¿Dónde los habéis visto?”

- “No hemos visto jamás a tu camello ni a tu mujer”, buen hombre, le dijeron los tres príncipes riéndose alegremente.

El discípulo también rió.

- “Eran muy sabios.”

- “Sí, pero el buen mercader estaba muy irritado. Cuando los vecinos del mercado le dijeron que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, los denunció.”

- “¡Pero, ellos tenían razón!”

- “Los perdió su soberbia juvenil. Habían señalado todas esas características del camello con tanta exactitud que ninguno les creyó cuando afirmaron no haber visto jamás al camello. Y se habían reído del mercader, había muchos testigos. Fueron llevados a la cárcel y condenados a muerte ya que en Kandahar el robo de camellos es el peor delito, más que el rapto de esposas.”

- “¡Qué triste destino para los sabios!”

- “La cosa no acabó tan mal. La esposa se había escapado, y pudo llegar antes de que los desventaran en la plaza pública, como era costumbre para castigar a los ladrones de camellos. El poderoso Emir de Kandahar se divirtió bastante con la historia y nombró ministros a los tres príncipes. Por cierto, que el segundo hermano se casó con la muchacha, que estaba bastante harta del mercader.”

- “La sabiduría tiene su premio.”

- “La casualidad los salvó y aprendieron a ser mucho más prudentes a la hora de manifestar su inteligencia ante los demás.”
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:12 am

El ladrón de dicha

Cuenta una antigua leyenda que un anciano sabio vivía en las afueras de una pequeña ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no sólo por su sabiduría, sino también por su buena suerte.

En la misma ciudad vivía también un joven que, aunque fundamentalmente honesto, estaba constantemente en pos de la suerte, la fama y la riqueza. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la fortuna no quería sonreírle. El joven ya no sabía qué más hacer y estaba al borde de la depresión, cuando se le ocurrió ir a ver al sabio para pedirle que le contara el secreto de su éxito. En efecto, todo lo que precisaba, el sabio lo tenía. Y todo lo que emprendía le salía redondo. No le faltaba ni hogar, ni comida, ni ropa. La gente le amaba, respetaba y veneraba. No carecía de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.

Aquel día el joven se levantó muy pronto para evitar las colas interminables de personas que iban a pedirle consejo al anciano. Se vistió con sus mejores vestidos, se arregló y llegó a la morada del sabio temprano. Llamó al portal. El sabio le abrió y, amablemente, le recibió en su casa. Una vez terminadas las presentaciones formales, el joven fue directamente al grano y dijo:

- "La razón de mi visita es sencilla: querría saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Verás, he notado que no te falta nada, mientras a mi me falta todo, y esto es a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad. También he notado que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices. En cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cuál es tu secreto?"

El sabio le miró interesado y sonrió diciéndole:

- "Mi respuesta también es sencilla: el secreto de mi buena suerte es que yo robo... "

- "¡Lo sabía!", exclamó el joven, "habría tenido que deducirlo yo mismo. ¡Eso era el secreto!"

- "¡Espera!... Todavía no he acabado", dijo el anciano . Pero el joven ya había salido corriendo exultante. El anciano intentó darle alcance, pero no pudo, por lo que regresó imperturbable y calmadamente a su casa.

Tras la visita al sabio, la vida del joven cambió radicalmente: empezó a robar aquí y allá, a revender las cosas sustraídas a los demás y a enriquecerse. Cometía toda clase de hurtos: robaba animales, cosas, dinero e incluso entraba a robar a casas. La fortuna parecía haber empezado a sonreírle, cuando fue capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco años de dura cárcel. Durante su estancia en la prisión, tuvo tiempo de meditar y llegar a una conclusión. Según sus deducciones, el anciano se había mofado de él, y, más idiota había sido él mismo, por seguir tan necio consejo. Se prometió que una vez salido de ahí, volvería a ver al anciano para darle su merecido.

Los años pasaron y el joven fue puesto en libertad tras pagar su deuda con la sociedad. Nada más estar libre otra vez, ni siquiera pasó por su casa, sino que se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abrió.

- "Ah, eres tú", le dijo.

- "Sí, soy yo y he venido para decirte lo inútil que eres, viejo tonto. ¿Sabías que gracias a tu consejo me he pasado los últimos cinco años de mi vida en la cárcel? Si todos los consejos que das son así, menudos imbéciles que tenemos que ser los que te escuchamos."

El anciano le escuchaba con paciencia, y cuando la rabia del joven remitió, así le contestó:

- "Comprendo tu rabia. Pero el artífice de tu desdicha eres tú y solamente tú, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aquí hace cinco años, te dije la verdad, te dije mi método para asegurarme la dicha, solo que tú no quisiste oír más y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, era verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energía. Robo chi. Verás, robo al Tao porque el Tao es vacío y utilizándolo nunca rebosa, se vacía sin agotarse, y su función no se agota nunca."
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:13 am

El dedo

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.

- “¿Qué más deseas, pues?”, le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.

- “¡Quisiera tu dedo!”, contestó el otro

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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:16 am

El camino de Diógenes

Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera.

No había ninguna comida en toda Atenas más barata que el guiso de lentejas.

Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas era definirse en el estado de mayor precariedad.

Pasó un ministro del emperador y le dijo:

- "¡Ay, Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas!."

Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:

- “¡Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador!.”
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:17 am

Se dice que era un mago del arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas.

Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. Iba Mesé Figueredo de camino a unas bodas, él encima de una mula, encima de la otra su arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a palos.

A la mañana siguiente, alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un hilo de voz:


- “Se llevaron las mulas.”

Y dijo también:

- “Se llevaron el arpa.”

Y, tomando aliento, rió:

- “¡Pero no se han podido llevar la música!”

Eduardo Galeano
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:18 am

La parábola del colibrí

El bosque esta en llamas, y, mientras todos los animales huyen para salvar su pellejo, un picaflor recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.

- "¿Es qué acaso crees que con ese pico pequeño vas a apagar el incendio?", le pregunta el León.

- "Yo sé que no puedo solo", responde el pajarito, "pero estoy haciendo mi parte."

Autor: Betinho
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:18 am

La mancha de tinta

Una vez un maestro estaba dando clase a sus alumnos. Aquella mañana quería ofrecerles una lección distinta a las que vienen en los libros. Después de pensar un poco ideó la siguiente enseñanza:

Hizo una mancha de tinta china en un folio blanco de papel. Reclamó la atención de los alumnos y alumnas y les preguntó:

- “¿Qué veis?”

- “Una mancha negra”, respondieron a coro.

- “Os habéis fijado todos y todas en la mancha negra que es pequeña”, replicó el maestro, “y nadie ha visto el gran folio blanco que es mucho mayor.”
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Re: Cuentos para pensar

Mensaje  Paula el Lun Nov 19, 2012 7:19 am

La prisión del odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

- "¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?"

- "No, gracias a Dios ya lo olvidé todo", contestó. "¿Y tú?"

- "Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas", respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

- "Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso"
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Re: Cuentos para pensar

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